La naturaleza y sus servicios son necesarios para beber, comer, respirar, tener un techo y vivir en sociedad. Para protegernos, ¿sería útil recordar la naturaleza radical de la transformación requerida? Por los medios necesarios, más allá del presupuesto económico de las guerras mundiales pasadas.
El objetivo de este texto es invocar el ecosocialismo como respuesta al caos generado por los capitalistas. Sin pretender complacer a todo el mundo, existe una necesidad urgente de consenso entre las fuerzas poscapitalistas de izquierda (entender anticapistalistas). Abordando los diferentes puntos de vista y propuestas estratégicas de quienes participan en la lucha de clases. Debemos responder al neofascismo con nuestra capacidad de organización y nuestras concepciones de la frontera y la ética, no solo con el amor vencerá.
Con las palabras «omnibus», «desregulación» y «libertad» inscritas en una pesada puerta metálica, el neoliberalismo libra su batalla. En Argentina, Estados Unidos y en la Unión Europea. Ya no hay femenidad, «cuir», pueblos originarios, afrodescendientes, movimientos campesinos, pescadores, nómadas, espíritus abandonados. Solo deberían permanecer las personas que necesitan una retribución en dinero, dolarizadas, “dolorizadas”, deshumanizadas. Para consumir o, según el índice del alarmante número de colchones ocupados en la calle, ser consumidos. La divinidad del capital.
Sabemos que el capitalismo no valora el trabajo no remunerado que realizan muchas mujeres y niñas en sus comunidades. Si un proceso de deconstrucción, largo y lento, está bien iniciado por parte de los hombres y de los chicos, el capitalismo se contenta con hacer buena figura legislando sin profundizar demasiado. Pienso en la ley de paridad para las listas electorales, omitiendo la paridad al principio de las listas.
También hay ideas contraproducentes: el Estado se describe frenéticamente como un servidor del capital. Esto es cierto si se tienen en cuenta los diferentes grupos de presión que lo controlan. Por lo tanto, hay buenas razones para desmantelarlo. Sin embargo, los funcionarios permiten transmitir las mejores prácticas de auto organización. Es contradictorio pensar que estas tareas de cuidado se remuneran por sí mismas. Esto es evidente, incluso para el sector de la salud. Hay que crear un nuevo Estado al servicio, sin su dimensión de poder.
Por otra parte, o conjuntamente, la discriminación se manifiesta en forma de racismo ambiental, que va más allá del simple concepto de clase social. Sin olvidar que a veces conduce al genocidio, ya sea en un continente lejano o en nuestro pasado. Al igual que el fascismo, que es una forma de politización del racismo, la instrumentalización del rechazo del «otro» y de «los otros». Debemos entablar un diálogo que no se limite a la justicia. Se trata también de un proceso psicológico que consiste en identificar lo que nos lleva a excluir, inicialmente de manera inconsciente.
Desde un punto de vista epistémico, es decir, sin mi punto de vista occidental, solo tengo una comprensión parcial del ecosocialismo. Esta es una de las principales razones que anima al grupo ATTAC Argentina sobre este tema: sin el análisis de los pueblos originarios y de las personas afrodescendientes sobre el ecosocialismo, navegamos por un río en la niebla, sin serpientes para guiarnos. Hagamos volar nuestras cosmovisiones.
Uno podría pensar que es solo ser inclusivo cómo abordar la discapacidad para el ecosocialismo. No obstante, no es así, los progresos que reciben (recibían) algunas personas con discapacidad vienen en su mayor parte del socialismo, con la noción de adaptación a (o de) su entorno/ámbito.
También la discapacidad se describe a menudo en términos de dependencia o codependencia. Gracias a la activista y autora «cuir» Mia Mingus, la noción de interdependencia se considera y es bueno recordar que este concepto no se limita solo a los seres humanos. Del mismo modo, la discapacidad es también una forma diferente de definir lo que es el trabajo y sobre todo un trabajador. Si la vida en sociedad no se limita al capital acumulado, medir las contribuciones de una persona a su capacidad productiva para la comunidad es igualmente excluyente. Una sociedad no puede subsistir sin inclusión, la “ley de la selva” que implica una competencia feroz, muy citada en los medios en este momento, solo beneficia a los oligarcas eugenistas.

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La industrialización mundial ha alcanzado un punto de enorme dependencia energética, ahora mineral. Muchos gobiernos intentan resolver este problema con una “mayor” extracción. Pero es una ecuación sin solución. Cada vez que mejora la eficiencia energética, gracias a los motores u otras máquinas, los avances se ven anulados por una mayor utilización de la tecnología y al final un mayor consumo.
En total contradicción, muchos oligarcas ven el futuro en un bunker, en una isla aislada o en la extracción de minerales en la Luna o Marte. Otros, como los Estados Unidos de América, creen que su hegemonía se basa en la apropiación de recursos para financiar su máquina de guerra (y viceversa): para ocultar el «reino» más endeudado de todos los tiempos.
Esta adicción a los recursos, que destruye nuestra biosfera, es causada principalmente por el capitalismo. Este problema de dependencia y desperdicio se resolverá el día en que gestionemos nosotros mismos nuestras necesidades. De manera descentralizada, adaptada a las múltiples necesidades climáticas de nuestro país, con una red de transporte eficiente.
¿Qué es el capital, comparado con todos los servicios que nos proporciona este planeta? Si podemos concluir una cosa, es que el capitalismo está lejos de haber cogido su esencia. Esta pseudo-evaluación, etiquetada anti-ecológica, es siempre hecha por una minoría que se enriquece con su propia moneda. En consecuencia, la palabra igualdad ha sido olvidada desde hace mucho tiempo, incluso por el socialismo liberal o el progresismo de “izquierda”. Por el contrario, queremos abordar las desigualdades a todas las escalas y en todos los territorios.
La ecología circular, el capitalismo verde, el desarrollo sustentable, el biomimetismo, Todos estos conceptos están impregnados de capitalismo. Las máquinas de hacer dinero siguen funcionando, los mercados financieros absorben nuestros recursos físicos. Desde el ecosocialismo, deseamos configurar las luchas en nuestro favor, y recuperar los valores de la vida, incluyendo a todos los humanos. Dando derechos a todos los seres vivos. ¿Sería esto una utopía ingenua? Pensemos más bien en un leitmotiv, persistente.

Al día de hoy, la estrategia del neofascismo es más que una crisis de choque. Ahora la estrategia consiste en sembrar el caos para imponer directamente esta cosmovisión nefasta. Este caos va acompañado de coerción, una mezcla de información falsa, persecución psicológica y discordia con el objetivo de dividir. Nuestro programa de lucha debería ser el siguiente:
“Los gobiernos y las empresas le han declarado la guerra al pueblo y al planeta”.
All In: una teoría revolucionaria para detener el colapso climático. El capitalismo ha llegado a su fin, necesitamos una ecología de transformación rupturista. Este libro demuestra que nuestra lucha debe coordinarse a nivel mundial. Entre los movimientos sociales, los partidos políticos y los movimientos de pensamiento.
Cabe señalar que estos grupos son proteiformes, es decir, heterogéneos. Los partidos políticos tienen un programa elaborado y son poco propensos a renovarse. En los últimos años, los movimientos sociales se han orientado más hacia las manifestaciones que hacia la desobediencia civil. Pero cuanto más autoritario es el Estado, mayor debe ser el número de manifestantes para obtener una respuesta. Por lo tanto, es necesario realizar mayores esfuerzos de movilización.
Desafortunadamente, muchos partidos políticos capturan los movimientos de pensamiento o se consideran responsables de los movimientos sociales. Se trata de un error terrible, que aísla estos tres componentes entre sí. Algunos necesitan organizarse a sí mismos, lo que es emancipador, mientras que otros buscan adaptar su modo de pensar. La política partidista rara vez tiene matices en cuanto a cómo se destaca.
Estos movimientos reclaman cada vez más democracia. Ahí es donde entran en juego los movimientos de pensamiento, la famosa batalla ideológica. Aunque no todos los movimientos son ecologistas, como por ejemplo el feminismo, los jubilados, las personas con discapacidad, el deterioro de nuestras condiciones de vida y el autoritarismo están directamente relacionados con la incapacidad del capitalismo para hacer frente a los límites físicos de nuestro planeta. En otras palabras, el capitalismo solo responderá con autoritarismo y pérdida de libertades al cambio climático, que ahora se considera una emergencia. En cuanto a la importancia de esta batalla ideológica del ecosocialismo, cabe destacar que algunas manifestaciones se desarrollan al margen de la constelación ya existente de movimientos sociales y organizaciones. Hay que saber identificarlos prematuramente, para poder asociarlas.
El ecosocialismo debe transmitir una forma de fe, condicionar y sembrar la idea de una nueva humanidad, basada en valores de preservación. Pero paradójicamente, proteger a los vivos siempre ha existido, se llama el cuidado. Eclipsado por alguna religión o la fe en el dinero (a veces una y la misma búsqueda). ¿Seríamos nosotros los reales conservadores? Del mismo modo, uno de los valores más defendibles es la ética. Ya no puede haber ningún dirigente o representante del pueblo que carezca de ética. Por ejemplo, hay que acabar con la financiación privada y sin límites de los partidos políticos.
En la naturaleza, las fronteras juegan un papel importante, ya sea un simple seto entre dos campos o una montaña difícil de cruzar. Estas fronteras favorecen las alianzas entre los ecosistemas y sirven como protecciones naturales. Ahora nos toca a nosotros abrir nuestras barreras culturales y superar los límites geográficos administrativos.
Al mismo tiempo, la tecnología digital crea nuevas barreras, asociadas a políticas extractivas, que habrá que superar. Esta tecnología de control, pienso en las empresas Palantir o Babel, está pisoteando nuestra libertad fundamental, la libertad de pensamiento. Tenemos que romper esas barreras, poner fin a la coerción.
Siempre a propósito de las fronteras, hoy vemos países enteros destruidos por la guerra, para defender sus producciones de petróleos y minerales. ¿Por qué demoler regiones enteras?
¿Cuál ha sido el beneficio de estas explotaciones para las poblaciones destruidas?
¿Qué vamos a hacer con Vaca Muerta, que ya había comenzado a militarizarse bajo la presidencia de Fernández?
¿Por qué tenemos que destruir nuestras reservas de agua glacial?
Cuando no hay beneficios a corto plazo, las guerras matan seres vivos sin discernimiento y destruyen décadas de construcción. Todavía es tiempo de que Argentina se adhiera al tratado de no proliferación de combustibles fósiles. En la misma vena, no a la destrucción de la ley Glaciares.
Encontrar la paz en tiempos de caos, nuestras únicas barreras son las que dibuja la naturaleza. Ecosocialismo: lugares de encuentro y refugio para múltiples especies.
Olivier Blond es biólogo (MSc) y analista ambiental, residente desde hace diez años en Abya Yala, Argentina. Miembro de ATTAC Argentina.